
La protección de las comunidades educativas requiere un sistema nacional integrado, preventivo, intersectorial y basado en evidencia, que permita anticipar, detectar, intervenir y contener riesgos antes de que se transformen en hechos de violencia grave.
El desafío no es solo impedir que un arma ingrese a un establecimiento, sino evitar que un niño, que un joven llegue a querer utilizarla.
Como sociedad debemos concentrar nuestros esfuerzos en el mundo escolar, en nuestros hijos, porque ellos son lo más importante. Sin buenas personas, todos nuestros sueños de llegar a ser un país mejor en todos los sentidos, no serán posibles de alcanzar.
